A menudo me encuentro con gente que piensa que es competente digital porque es capaz de encontrar la información que busca en internet, porque publica con regularidad en redes sociales o porque compra online, pero ¿son estas personas realmente competentes digitales? ¿entienden realmente cuáles son las reglas del mundo digital?

Ayer tuve la oportunidad de ver un fragmento de la entrevista de Pablo Motos a Jordi Évole y una de las cosas que me encantó fue que puso encima de la mesa una de las estrategias utilizadas por Donald Trump para manipular a la opinión pública durante su campaña electoral. Y es que cada vez somos más conscientes de que los medios tradicionales “maquillan” cuanto menos la verdad, pero ¿tenemos presente el daño que pueden hacer los medios digitales?

Lo que se puso de manifiesto en la entrevista fue:

  1. Un porcentaje importante de la población se informa de la actualidad consultando sitios web que muestran las noticias más leídas del día o utilizando redes sociales como facebook, bien siguiendo medios de comunicación, bien leyendo las noticias que comparte su red de contactos
  2. Muchas veces entramos a leer noticias que en lugar de tener un titular informativo tienen una frase construida para captar nuestra atención, aumentando así la difusión de ese contenido, que muchas veces se trata de información no confirmada (pero llamativa) o incluso de un bulo

Mi pregunta es, ¿cuando leemos una información ponemos en tela de juicio dicho contenido estudiando si la fuente de información es o no fiable, mirando si se presentan argumentos de autoridad que sostengan dicha información, contrastando la información con otros medios de comunicación o simplemente dejamos que nos embarguen sentimientos de ira o incredulidad y compartimos la noticia?

Estas estrategias entre otras creo que debería manejar una persona que sea competente digital, ¿de qué sirve utilizar una aplicación de video y ser capaz de compartir el resultado en redes sociales si nos engañan? Quizás sea porque antes de ser docente tuve la oportunidad de trabajar en comunicación y marketing, pero no sólamente es importante saber qué información es relevante o no para el tema que estamos abordando, sino ser críticos con la información a la que tenemos acceso.

Qué decir tiene que la comprensión del contenido audiovisual es clave para manejarnos tanto en el mundo online como en el offline, pues actualmente estamos rodeados de imágenes y no precisamente de imágenes inocentes, sino de imágenes comerciales, diseñadas con un fin específico. Cada vez más conocemos cómo se estructuran las webs, los buscadores o las redes sociales y sabemos diferenciar qué contenido es patrocinado y cuál es relevante para nosotros, al menos según el algoritmo de Google, pero ¿sabemos leer las imágenes que nos rodean? ¿por qué capta más nuestra atención una imagen y no otra? ¿por qué hay imágenes que nos transmiten paz y otras en cambio nos hacen sentir tristeza o inquietud?

Antes de ponernos a crear imágenes fijas o en movimiento, deberemos conocer algunas claves básicas del lenguaje visual, pues corremos el riesgo de ser poco eficaces a la hora de comunicar nuestro mensaje o peor aún, podemos transmitir ideas erróneas. Soy consciente de que los niños disfrutan creando contenido y compartíendolo online, pero pienso que debemos ser cautos y sobre todo enseñarles a moverse con inteligencia en la sociedad de la información.

Es relativamente sencillo seguir varias webs punteras y estar al día de las últimas aplicaciones que han salido al mercado, pero quizás no es tan fácil reflexionar cuando sí y cuando no debemos crear o compartir un contenido, cuál es el formato o el enfoque más adecuado en función de nuestros objetivos, cómo éste puede ser interpretado por los demás, qué imágenes de las que hay disponibles en internet podemos usar y de qué manera, qué canales son para difundir y cuáles son para viralizar, etcétera. La tecnología pone en nuestras manos un mundo lleno de posibilidades y sólo se es competente digital aquel que sabe utilizar esas herramientas con cabeza.

Un abrazo,

Helena

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